Ir al contenido principal

Decisiones

Ese momento en el que te das cuenta que el día terminó rápido, que los meses se van quedando rezagados en el pasado y que su huella, esa que el tiempo borrará, no será más que el recuerdo difuso de un "hubiera" o de un "¿por qué no?" 

Ese momento en el que te das cuenta que por más que quieras y logres alargar las horas, días, meses, años, el tiempo termina cobrando lo suyo llevándote de la mano al final, esto es lo único que tienes garantizado en la vida.  

Ese, el momento en el que te das cuenta que debes tomar decisiones, decisiones reales. Es el momento en el que tu sistema operativo colapsa ante la disyuntiva de darle prioridad al ser, al deber o al querer para poder tomar la mejor decisión pero ¿cuál es la mejor decisión? ¿la que perpetúa el ahora? o ¿la que le da un giro de 360° a tu historia? y en última instancia, ¿eso importa cuando tenemos la certeza de que el final es lo único que tenemos garantizado en la vida? 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El grito de María

Nadie entendía a María, querían exiliarla. Intentaban sacarla de su hogar sin importar la crueldad  del método empleado, no había persona alguna quién viera a María como una niña. María no entendía a nadie, de hecho no entendía nada. No entendió cuándo en un abrir y cerrar de ojos todo se volvió frío y profundamente obscuro, tampoco entendió los gritos de papá ni el porqué del llanto desesperado de mamá, no entendió porque empezó a hacer maletas entre gritos, golpes y llantos sin guardar su osito, sabía que María amaba ese osito, o su ropa; no entendió porque ambos corrían desesperados de un lado a otro de la casa buscando aquello, encontrando esto sin prestarle la menor atención, no entendió cuando salieron azotando la puerta y la dejaron ahí, para entonces todo ya era frío y profundamente obscuro. Rondó por la casa vacía esperando que mamá volviera por ella, en más de una ocasión le aterró el silencio y la soledad, se asustó cuando vio aquella pareja feliz que entró por ...

No, no fue un sueño.

No es por presumirle pero tuve la peor noche de mi vida, soñé que me descuartizaban, que fragmentaban mi ser en miles de piezas. No, espere, no hubo sangre, no hubo pedazos de carne inerte ni nervios u órganos internos expuestos, no, no hubo sangre. Fragmentaban mi esencia, mi yo, mi cordura. Me sacaban del uno perfecto que me dio la creación, jugaban con mi intelecto hasta pulverizarlo, manipulaban mi razón hasta dejarla inservible, me hacían parte del show, un show lúgubre de humanos sin consciencia. No, espere, no fue un sueño...

Sentirse alguien.

Solía encerrar a su juicio y esclavizar a su alma, dejarlos expresarse a libertad era peligroso, le daban consciencia y él no quería consciencia, le parecía una carga pesada y absurda. Algo completamente inservible. Él quería un Mercedes, un departamento inteligente y un traje Versace que además de hacerlo ver elegante, lo hiciera sentirse alguien. Era él, no necesitaba de esa unión con el todo para saberse algo, no deseaba ser algo, había vendido su alma para ser alguien en un mundo donde todos son nada.